lunes, 25 de mayo de 2009

LA QUIMERA DEL BLINDAJE

Mario Dávila Flores
La Línea Maginot fue una colosal estructura de fortificación y defensa, construida por Francia a lo largo de su frontera con Alemania e Italia después de la Primera Guerra Mundial, la cual comprendió 108 fuertes principales situados a 15 kilómetros de distancia entre sí, una multitud de pequeños fortines, y más de 400 kilómetros de galerías de concreto, habiendo sido terminada en 1939, después de 17 años de trabajo.

Sin embargo, en 1940 las divisiones alemanas la rodearon y atacaron en la región de Sedán, pues los franceses cometieron el grave error estratégico de haber concebido esta gran obra bajo el esquema de la guerra de trincheras, paradigma que fue rebasado por las unidades acorazadas y la aviación de guerra. La Línea Maginot, pasó a la historia como uno de los fracasos más costosos e inútiles, habiéndose invertido en su construcción 3 mil millones de Francos.


Viendo la fallida experiencia anterior, no tiene sentido el que nos asombremos al contemplar la realidad actual, cuando se nos habla de los famosos y ahora desacreditados blindajes en áreas tan diversas como la seguridad, el empleo y la salud, por mencionar los casos más conspicuos. En materia de seguridad, se nos aseguró que nuestra entidad estaba blindada ante la ola de violencia que asolaba al país; que aquí no pasaría nada, que teníamos el Código Rojo, el C4, y que nuestra policía estaba perfectamente capacitada, contando además con cientos de flamantes patrullas y equipo.

En materia económica, se nos aseguró que se habrían de crear decenas de miles de empleos nuevos durante los próximos años, que la bonanza laboral estaba garantizada, y que ante los resultados de los primeros años, las metas de generación de nuevos puestos de trabajo serían rebasadas. Después llegó la crisis a finales del 2008, y de nuevo se esgrimieron razones para decir que en esta zona de promisión no pasaría nada, que el blindaje económico era a prueba de cualquier recesión, y que las estadísticas indicaban que se habían dejado muy atrás los logros de gobiernos anteriores.

Finalmente, cuando el mes pasado los mexicanos nos encontramos de pronto frente a la influenza, y a medida que la epidemia avanzaba irrefrenable sobre el territorio nacional, expandiéndose sobre el mapa a todos los estados, con la excepción de uno que por destino manifiesto se había salvado del contagio, de lo que nuestros voceros hacían alarde, a pesar incluso de que el cerco viral se estrechaba al aparecer en las entidades vecinas; nada parecía refrenar el desbordado optimismo, hasta contábamos con aparatos médicos que nadie más tenía en México.

La realidad sin embargo, se encargó de cobrar las facturas, y así los blindajes se fueron derrumbando frente al ácido corrosivo de la realidad, al crecer los secuestros, al volverse Torreón una tierra sin ley, cuando en Saltillo se arrestó en medio de una operación ultra reservada, a delincuentes muy peligrosos y violentos que dormían tranquilamente en uno de los fraccionamientos más exclusivos de la ciudad, habiendo quedado vacías un buen número de viviendas en zonas residenciales ante el despliegue del ejército y de las fuerzas federales.

El denigrado blindaje, tampoco ha impedido la enorme descomposición que priva en los organismos de seguridad locales, cuando asistimos a las pugnas cada vez de mayor intensidad entre las corporaciones municipales y las de carácter estatal.

El blindaje económico también se nos derrumbó en todo el estado, con consecuencias de singular gravedad en la Región Sureste, la cual tiene su base de sustentación en la industria automotriz, la que se encuentra en una debacle de pronóstico reservado ante la quiebra consumada de Chrysler, y los nubarrones que cubren el horizonte de General Motors, conocida ahora como Government Motors en Estados Unidos. El resultado es que los empleos que se crearon en los últimos años, no sólo se esfumaron, sino que incluso retrocedieron a los niveles de hace una década.

Finalmente, con el anuncio—ahora sí oficial-de la Secretaría de Salud estatal, de la confirmación de dos casos de influenza, se rompió la tan resguardada virginidad sanitaria de las cual nos sentíamos profundamente ufanos; eso también se vino al traste dejando atrás nuestra pretendida condición de excepcionalidad, la cual curiosamente es una de las características distintivas que surgieron en Cuba a raíz de su revolución.
Como dijo John Lennon: ”The dream is over”; presenciando con asombro el derrumbe de todos los blindajes que se nos vendieron con certidumbre y fe inquebrantables; nuestra Línea Maginot se encuentra destrozada, y ahora somos compañeros del mismo dolor que en un tiempo embargó a los franceses.


Redondeo. “Los Saraperos” hicieron la hazaña; ante el cúmulo de noticias negativas; nos dieron la satisfacción de barrer a los “Diablos Rojos” en el Madero la semana pasada.

lunes, 18 de mayo de 2009

CONMOCIÓN EN SALTILLO

Mario Dávila Flores
La ciudad se conmocionó como nunca, aquel inusitado acontecimiento provocó una fuerte sacudida en todos los sectores de la sociedad; se trató de un evento en verdad fuera de serie. ¿A qué me refiero? Sería acaso la captura de otro narco que había sentado sus reales en uno de los fraccionamientos más exclusivos de la mancha urbana?
O quizás, la noticia de que al fin se había detectado el primer contagio de influenza en esta capital? ¿Se trataba del enésimo enfrentamiento entre policías estatales y municipales, esta ocasión con un gran despliegue de efectivos en pleno boulevard Coss?

Por fortuna no se trata de ninguno de esos espeluznantes escenarios, que desde luego nunca podrán ocurrir en esta urbe pues se encuentra blindada no sólo contra tales episodios, sino incluso contra cualquiera que podamos imaginar. No, me refiero a otra efeméride de muy distinta naturaleza, y que tuvo lugar en el año de 1951, habiendo quedado grabada en la memoria colectiva de los saltillenses como un grato suceso, como un agradable recuerdo al que recurrimos cuando por todos lados campean las malas noticias.

En efecto, en ese año se registró la visita a Saltillo del inolvidable Pedro Infante, quien estuvo aquí para realizar una serie de actividades a fin de recolectar fondos para obras de beneficio social. El día de su llegada, la ciudad se volcó de manera espontánea en las calles para ver a su ídolo, en especial me refiero a las vialidades de Allende y Victoria que se vieron atiborradas de saltillenses de todas las edades y clases sociales.

El contador Sergio Valdés me narró emocionado que él fue testigo de la maniobra en la que el actor del pueblo, con singular pericia y habilidad levantó la rueda delantera de su motocicleta Harley Davidson en plena calle ante el asombro de la multitud. Otro testimonio que se ha conservado a través del tiempo, es que cuando el camión abierto en el que se trasladaba Pedro ya en el centro de la ciudad, específicamente al pasar frente al mercado Juárez, una señorita de familias conocidas, y que por respeto no menciono su nombre, sucumbió al magnetismo del momento, y de manera espontánea se levantó las faldas mostrando sus extremidades inferiores al distinguido visitante.

El recorrido aquel desembocó en el viejo estadio Saltillo, ubicado frente al lago de la Alameda, lugar donde el cantante y autor, daría una presentación con fines benéficos. Sobra decir que dicho recinto se encontraba no lleno, sino atiborrado, con espectadores trepados en las bardas del parque, así como sobre las azoteas de las casas vecinas de las calles de Obregón, Colón y Salazar.

Era tal la locura por ingresar al inmueble, que un jovencito de nombre Ramiro Caballero, sin medir las consecuencias intentó introducirse por entre el enrejado que estaba sobre la calle de Ramos Arizpe, habiendo quedado atrapado entre los hierros en el intento, lo que provocó la intervención de un policía, que sin pensarlo dos veces, y sin mucha ciencia de por medio, propinó un salvaje golpe con su linterna de tres baterías en la cabeza del muchacho, acción que tuvo como reacción la salida ipso facto de aquel jovencito. Así se la gastaban nuestros guardianes del orden en los tiempos del legendario Santana Jiménez.

Uno de los participantes de estos acontecimientos, Roberto Morales, recordó entusiasmado los momentos en los que se aferró a la motocicleta de Pedro Infante, justo en las afueras del estadio, y como él un montón de chamacos e incluso niños, que se agolpaban buscando la oportunidad de tocar aquella máquina en la que en breves momentos haría sus evoluciones el ídolo de Guamúchil. Otro episodio muy recordado entre los saltillenses, fue cuando con motivo de la colecta anual de la Cruz Roja, se diseñó la estrategia de que Pedro vendiera sus besos a las mujeres de la ciudad, así a cambio de un peso, las damas se sintieron al menos por un instante el centro de la atención del gran personaje. Ignoro la cifra que se recaudó, pero supongo que fue bastante elevada, dada la metodología utilizada para tal efecto.

Otra escena que revela la personalidad y el carisma de este actor del pueblo, fue precisamente en su ciudad natal en Guamúchil, Sinaloa donde Pedro estaba contratado para una actuación, y al llegar al recinto, se topó con un numeroso grupo de gente a las afueras del local, y cuando Pedro les preguntó que por qué no habían entrado, ellos le responden que no los dejaban pues no tenían dinero, a lo que él mandó llamar al empresario diciéndole que si esa gente no entraba suspendería su actuación. Por suerte se llegó a un buen arreglo y la gente pudo gozar de la función. Así era el gran Pedro Infante, que un día del año de 1951 logró convulsionar a nuestro querido Saltillo.


Redondeo. Antes de 1859 los ampayers solían sentarse cómodamente detrás del plato en sillas acojinadas.

Primavera con una esquina rota

María Isabel Reyna



Esta es, sin duda, la primavera con una esquina rota. Nos quedamos sin la presencia física del poeta. Sin embargo, a mi no me da tristeza la muerte de Mario Benedetti, ese viejo de grandes bigotes y ojos claros que me enseño los horrores de la tortura y la dictadura uruguaya. Con Pedro y el Capitán aprendí a escandalizarme de lo que era capaz de hacer un ser humano. A mis veinte años, en la inocencia de haber vivido en un país donde los horrores siempre pasaban lejos de casa (porque ví el 68 desde la nube rosa y azulada de mi cielo de niña de 10 años), de pronto empecé a escuchar que algo estaba pasando en la parte sur del continente, me percaté, como diría Benedetti en otro de sus poemas, de que el sur también existe. El sangriento golpe militar en Chile que derrocó a Salvador Allende, y las varias dictaduras de América Latina los viví desde mi pupitre en la UNAM con la siempre inseparable compañía de los libros de cuentos, poemas y novelas de Mario Benedetti
Como muchos, me enamoré por primera vez leyendo sus poemas: Corazón coraza, Los formales y el frío, La noche de los feos, No te salves,Libertad…, tantos y tantos libros que leíamos tumbados en los jardines de la Universidad, haciendo como que analizábamos la semiótica del texto con el pretexto de deleitarnos con la poesía y el maestro Daniel Prieto, latinoamericano en el exilio como tantos otros, nos dejaba hacer, sabiendo tal vez que era más importante en nuestra vida, sumergirnos en la profundidad de los poemas de Benedetti, que aprender a distinguir trucos de la semiótica y la semiología.
Yo no lamento la muerte de Mario Benedetti a los 88 años. Desde hace tres años seguía las notas que informaban de sus repetidas visitas al hospital y la evolución de sus males. Mientras en mi casa mi padre de la misma edad vivía su propia agonía entre mis brazos, yo leía en el periódico del estado de salud del poeta y le pedía a Dios que se acordara del par de ancianos que anhelaban morirse. Mi padre lo logró en diciembre, el domingo, tocó el turno de emprender el vuelo a Mari Benedetti que desde hoy y para siempre, vive en su obra .
El periódico decía que no tuvo descendientes. No estoy de acuerdo. Todos quienes alguna vez hemos leído sus novelas, hemos llorado con sus versos, cantado con Serrat, Nacha Guevara y tantos otros, de alguna manera somos sus descendientes.
Si te quiero es porque sos
Mi amor mi cómplice y todo
Y en la calle, codo a codo
Somos mucho más que dos
Somos mucho más que dos.

Tus manos son mi caricia,
Mis acordes cotidianos,
Te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
Mi amor mi cómplice y todo
Y en la calle codo a codo
Somos mucho más que dos
Somos mucho más que dos.

Tos ojos son mi conjuro
Contra la mala jornada
Te quiero por tu mirada
Que mira y siembra futuro.
Tu boca que es tuya y mía
Tu boca no se equivoca,
Te quiero porque tu boca,
Sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
Mi amor mi cómplice y todo
Y en la calle codo a codo
Somos mucho más que dos
Somos mucho más que dos.
Y por tu rostro sincero,
Y tu paso vagabundo,
Y tu llanto por el mundo,
Porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aureola,
Ni cándida moraleja,
Y porque somos pareja
Que sabe que no está sola
Te quiero en mi paraíso
Es decir que en mi país
La gente viva feliz
Aunque no tenga permiso

Si te quiero es porque sos
Mi amor mi cómplice y todo
Y en la calle codo a codo
Somos mucho más que dos.

miércoles, 13 de mayo de 2009

OMISIÓN INVOLUNTARIA

María Isabel Reyna

En el artículo del día de ayer "Libertad de expresión ¿para qué?" me quejaba de quienes no dan la cara en sus comentarios. Proponía que cada uno debe hacerse responsable de lo que dice y sobre todo, atreverse a ejercer la libertad de expresión con responsabilidad.
Desgraciadamente, y como hecho a propósito OMITI mi firma en el artículo
Muchas Gracias a Carlos Manuel Valdés por hacerme notar la omisión involuntaria

¿QUIÉN NOS CUIDA?

Mario Dávila Flores
Con la atención dedicada las últimas semanas al seguimiento de la epidemia de influenza, ha pasado relativamente desapercibido el grave y al parecer, creciente conflicto y deterioro de las relaciones entre las corporaciones policíacas de la entidad; me refiero en este caso, dejando por ahora de lado a Torreón y Piedras Negras, a las de Saltillo y Monclova. En ésta última, han salido a relucir desde hace algún tiempo preocupantes fallas en la selección del personal que supuestamente debiera velar por la seguridad de los monclovenses.

Tal es el caso del policía que fue dado de alta en la corporación de manera irregular; se trata de un ex oficial de tránsito, que encabezaba una banda de secuestradores, el cual reconoció haber cometido al menos tres asaltos a mano armada. A principios del mes en curso, estos delincuentes privaron de su libertad a un empresario de Monclova, por cuya libertad solicitaron 250 mil pesos.

Si bien resulta imperdonable el que no existan filtros para escoger a los mejores elementos, contratado en vez de ello, a individuos sin el perfil requerido, y que a los pocos días de haber causado alta en la policía de ese municipio, fueron descubiertos en actos delictivos de consideración como los secuestros, llama la atención la reiteración de dichos eventos; por desgracia no estamos ante casos aislados, siendo su reiteración más preocupante todavía.

Aquí en Saltillo, y sin tener a nuestro alcance toda la información del caso, es evidente por notas periodísticas, que las organizaciones encargadas de nuestra seguridad se encuentran inmersas en un profundo deterioro, el cual ha salido a la luz pública a raíz de una serie de conflictos entre los policías estatales y los municipales, que se ha venido complicando con el tiempo, sin que los mandos superiores, sean éstos la nueva Fiscalía General o las autoridades municipales pueden poner orden.

El antecedente de esta pugna, comenzó al parecer hace unos meses-aunque sus raíces pudieran remontarse más atrás-cuando un grupo de agentes municipales sostuvieron un altercado en la vía pública con un mando de la policía ministerial, siendo dicho elemento trasladado en calidad de detenido a un recinto municipal, hasta donde acudieron sus compañeros para liberarlo, en medio de un escándalo, que mostró ante la sociedad el grado de retroceso al que han llegado estas instancias, supuestamente encargadas de nuestra seguridad.

Poco tiempo después se difundió la noticia que una mujer perteneciente a la policía municipal, fue detenida al ser descubierta llevando droga y armas prohibidas, siendo trasladada de inmediato a la ciudad de México, ante el silencio de sus jefes aquí en la ciudad capital. A los pocos días de este incidente, un individuo que baleó a una persona en el rostro, luego de ser detenido, fue liberado inexplicablemente por los policías bajo el argumento de que no existían pruebas suficientes para su aprehensión, pues la víctima no lo pudo identificar.

En este hecho kafkiano, la más elemental lógica nos dice que es absurdo pedirle a una persona con una bala en pleno rostro, que en ese mismo momento identifique a su agresor. Días después, un diario local publicó una nota con imágenes mostrando a varios ministeriales en estado de ebriedad en plena vía pública, armados, y que estaban en funciones; uno de los agentes identificados fue el protagonista del zafarrancho al que hicimos mención líneas arriba con los agentes municipales.

De nuevo la prensa-¿de la televisión local qué podemos esperar?-informa que el pasado miércoles siete de mayo, agentes estatales detuvieron a cinco policías municipales en las propias instalaciones de la Dirección de Policía Municipal, bajo el argumento de que fueron acusados de intento de plagio, al día siguiente fueron liberados, acusando a sus captores de haberlos torturado. ¿A dónde irá a parar este conflicto? ¿Qué está pasando al interior de nuestras corporaciones de seguridad pública?
¿Qué están haciendo los mandos superiores y los responsables de estas organizaciones para resolver el problema?

Esas son algunas de las preguntas que se hacen los ciudadanos, quienes se cuestionan la enorme desorganización que priva en estas corporaciones, cuando recién se acaba de aprobar nueva legislación federal en materia de seguridad, la que ahora hace responsables a las policías municipales y estatales para combatir delitos como el narcomenudeo, terminando así con las excusas que se habían puesto de moda para no enfrentar los problemas. ¿Pero cómo hacerlo, con el desorden imperante, y con la rivalidad abierta y declarada entre los efectivos estatales y los municipales? ¿Habrá alguien que puede poner orden? ¿Para variar, le vamos a atribuir la culpa a la Federación? Lo cierto es que resulta urgente una reestructuración a fondo de nuestras policías locales; se antoja una cirugía mayor.


Redondeo. “Si acaso hubo alguien que nació para batear, ese fui yo.” Ted Williams.

martes, 12 de mayo de 2009

Libertad de expresión ¿para qué?

Pocas cosas tan difundidas y vanagloriadas en el mundo como la libertad de expresión y la transparencia. Todos exigimos transparencia a quien maneja el dinero público y nos sentimos con el derecho (porque además lo tenemos) de expresar nuestro descontento cuando algo no nos parece.
Así pues, es irrisorio ver que pocas, muy pocas personas se atreven (nos atrevemos, me incluyo con el respaldo que me dan más de diez años de publicar mi opinión bajo mi firma en un periódico) a decir lo que pensamos y dar la cara. Muchas cosas se escuchan debajo de la mesa, se dicen en secreto y sobre todo, se difunden masivamente en Internet ocultos bajo el manto del anonimato. Y es más fácil que la gente le crea a un correo anónimo que a un funcionario público que se identifica plenamente y da la información en base a datos provenientes de instituciones reconocidas. Sobre todo, si el anónimo da malas noticias. Si la autoridad reconoce 25 muertos por influenza, nosotros estamos seguros de que por lo menos son 50 y de que algo nos ocultan. Si se toman medidas preventivas: se está montando un show para distraernos de algún otra tragedia peor. Si no se toman medidas, el gobierno nos deja morir sin reconocer que algo está pasando. ¿Por qué? Porque así estamos acostumbrados. Y en honor de la verdad, así han actuado algunos políticos en la antigüedad. Quién no recuerda los tiempos en los que salía el Presidente de México negando tajantemente que fuera a incrementarse el precio de la gasolina, para que todos corriéramos a abastecernos porque lo más seguro era que si subiera de precio. Y tristemente, así era.
Tenemos una tendencia innata para la tragedia. Si el periódico no trae en la primera plana por lo menos una tragedia de regulares proporciones, no se vende. De ahí el viejo dicho “no neews, good neews” (si no hay noticias, son buenas noticias).
Nos encanta sufrir, de otra manera no me explico el éxito de las telenovelas que todas las tardes tienen con la lágrima en el ojo a grandes sectores de la población. Es mucho más rentable una mala telenovela donde haya muchos villanos y jovencitas que sufren de todo en la vida, que un buen programa cómico, que dicho sea de paso, ya los hay muy pocos. Si antes se criticaba a Chespirito, Viruta y Capulina y Los Polivoces por simples y “mensos”, qué calificación tendrían las familias peluches de ahora igual de simples pero cargados de doble sentido.
Lo que quiero decir es que siempre nos sentiremos dispuestos a creer las malas noticias, sin importarnos quién las difunde ni por qué. Si alguien en Internet nos dice en un escrito mal hilvanado y cuajado de faltas de ortografía que somos unos ingenuos porque creemos que nos vamos a morir de gripa, le creemos a pie juntillas. El artículo me llego dos veces el mismo día. Lo chistoso del caso, es el que el escrito anónimo nos invita “a no creernos todo lo que nos dicen” cuando lo primero que hacemos es difundirlo a todos nuestros contactos porque coincide perfectamente con lo que siempre hemos dicho: el gobierno es un ratero, nos engañan, nos utilizan los candidatos a puestos públicos para que votemos por ellos (pero este es un tema que necesita todo un artículo especial). Ah, pero eso si, si algún periodista te pide que lo expreses para publicarlo con tu nombre, te niegas, “no vaya a ser que se enoje alguien y me manden a los auditores de Hacienda”
¿Para eso luchamos por la libertad de expresión?

sábado, 9 de mayo de 2009

Leeción de Liderazgo

Mario Dávila Flores
El teléfono de la red Presidencial se activó el jueves 23 de abril a las cuatro de la tarde, quien llamaba a su jefe era el Secretario de Salud, para informarle al Presidente que las pruebas que se habían mandado a Canadá para su análisis habían resultado positivas; México se enfrentaba a un virus nuevo, que ya estaba haciendo estragos en el país, y que amenazaba con salirse de control, pues se desconocía su origen, naturaleza, forma de combatirlo y grado de peligrosidad; se estaba frente a un escenario en verdad alarmante.

Luego de recibir ese mismo día al doctor José Ángel Córdoba Villalobos, de quien recibió la información puntual disponible hasta ese momento, el Jefe del Ejecutivo decidió convocar a su gabinete a una reunión de emergencia a las seis de la tarde, acción que demuestra la rapidez con la que se atendió la emergencia sanitaria, la que amenazaba con salirse de control. El resto de lo sucedido hasta ahora, ya lo conocemos en mayor o menor grado la mayoría de los mexicanos.

Dicha contingencia, que aún presenta riesgos, por lo que no conviene bajar la guardia, constituye un ejemplo de liderazgo, y bien pudiera ingresar al catálogo de estudios de caso de la revista Harvard Business Review, específicamente en lo que respecta a la actuación de los gobiernos ante situaciones como la que hemos vivido. Cuando hablamos de liderazgo, los mexicanos todavía recurrimos a estereotipos muy arraigados en nuestra cultura nacional.

Para nosotros un líder, es alguien muy macho, que habla golpeado, que suele asumir posturas histriónicas, combinando estas manifestaciones de un carácter fuerte, con la simpatía y el carisma; esos son algunos de los atributos que los mexicanos pedimos de las personas que ejercen o azumen un liderazgo. Sin embargo, pienso que este cuadro es erróneo, y alejado de la realidad, ya que en una sociedad moderna, regida cada vez más por el conocimiento, los nuevos líderes son muy diferentes a las caricaturas que hemos erigido entre nosotros.

¿Quién iba a imaginar que un “oscuro” integrante del Gabinete Presidencial, diera una muestra ejemplar de lo que es un auténtico líder? Sin buscar reflectores, sin actitudes protagónicas, simplemente con hacer bien su trabajo, apegándose a las normas y procedimientos establecidos para tales casos, mediante un manejo eficaz y transparente de la información, el doctor José Ángel Córdoba ha surgido como una figura relevante en la sociedad mexicana.

Los reconocimientos a nivel mundial sobre la manera en que México ha venido enfrentando esta crisis han sido altamente positivos y favorables; desde la Organización Mundial de la Salud, pasando por el Centro de Control de Enfermedades en los Estados Unidos, así como las opiniones vertidas por varias naciones, nos deben hacer sentir un genuino orgullo a los mexicanos, porque al menos en esta ocasión, nuestros líderes públicos, y el personal de salud, han estado a la altura de las circunstancias, sin desconocer la existencia de voces y corrientes críticas entre nosotros mismos, que reprueban el proceder gubernamental en esta coyuntura.

Tal es el caso de López Obrador, quien de manera irresponsable convocó a una reunión política en Tabasco, mandando al diablo a la influeza.

Otra lección importante, fue la coordinación de esfuerzos y de cooperación que se manifestó entre los países de Norteamérica: Canadá, Estados Unidos y México, miembros del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y que ante el problema actuaron como un auténticos socios, habiendo las acciones emprendidas rebasado las de carácter económico-comercial, en una muestra ejemplar de que el TLCAN ha generado beneficios no tangibles, pero altamente provechosos, al haberse creado una conciencia de pertenencia regional; esto es muy significativo y de una gran relevancia.

La crisis también se encargó de hacer el deslinde para ubicar a los amigos, y en el caso de Cuba, cuando López Dóriga le pregunta al Presidente Calderón acerca de la visita programada a la isla, la respuesta fue inteligente y elegante: tendrá que esperar, pues los cubanos han cerrado los vuelos de y para México. Que bueno, ya que así, entre otras cosas, se evitará nuestro Mandatario el bochornoso besamanos con Fidel Castro, que ha dañado la imagen de otros líderes latinoamericanos con cierto prestigio, y que acudieron a rendirle pleitesía al viejo dictador.

El problema no ha pasado, así que no debemos descuidar las medidas recomendadas, en especial las relacionadas con la higiene personal y con la limpieza de nuestro entorno, y finalmente ante la discriminación que sufrimos los mexicanos, ahora más que nunca hay que sacar la casta, y con dignidad y trabajo, demostrarle al mundo que somos capaces de superar cualquier contingencia, siempre y cuando estemos unidos, y contemos con líderes capaces, como por suerte los tenemos, incluso en el gobierno.


Redondeo. Ahora fue Manny Ramírez quien se derrumbó de su pedestal ante la epidemia del consumo de sustancias prohibidas. Estará suspendido durante dos meses, en los que dejará de percibir ocho millones de dólares.