viernes, 3 de septiembre de 2010

Germán Dehesa Hoy también toca

María Isabel Reyna

Gracias al servicio de reforma.com en tu celular, ayer supe la noticia de la muerte de Germán Dehesa antes de las 7 de la noche, esto es, aproximadamente media hora después del acontecimiento.

Germán ha sido durante 17 años parte de mi vida (como Liverpool, pero del lado inteligente y racional) sus artículos podrían ser buenos o malos, divertidos o de bostezo, pero casi nunca dejaba de leerlo. Desde que cerró Palabra dejé de leerlo a diario, pero vía electrónica de repente me pasaba media tarde leyendo sus columnas. El pasado martes cayó en mis manos el periódico que publicaba actualmente su columna y leí “Las jirafas del silencio”, que sería su penúltima colaboración.
Se puede decir que en Grupo Reforma Germán empezó como los buenos, desde abajo, aunque esto no sea puntualmente correcto. Ya era colaborador de El Norte, pero en 1993 empezó en Reforma vendiendo periódicos en la calle, junto a los directivos que salieron a vocear para enfrentar el boicot de los repartidores del DF. Sólo que él no era un simple voceador, se llamaba a sí mismo “ba-voceador”. Era genial.

Siempre lo consideré un hombre muy atractivo. “¿pero cómo atractivo?”, me decían algunos compañeros de Palabra. Y ante su sorpresa algunas compañeras compartían mi opinión. Y es que él tenía el mejor maquillaje que puede tener un hombre: inteligencia y sentido del humor, aderezados con una sencillez grandiosa, esa que sólo tienen los verdaderos grandes. En varias ocasiones contestaba los comentarios que le mandaba por e-mail, y tuve la fortuna de compartir inolvidables veladas en La Planta de Luz, donde mezclaba su ingenio con su talento artístico. Algunos puristas del estilo periodístico no estaban de acuerdo con su manera de escribir sus colaboraciones. Lo citaban junto con algunos otros como el más claro ejemplo del anti periodismo de opinión. Y no les faltaba razón, pero actualmente es muy difícil encontrar en los diarios ejemplos que se ajusten a la definición del estilo del género de opinión. Al menos, los lectores masivos suelen seguir a quien maneja un estilo suelto, ligero y jocoso que brindaba la oportunidad de analizar los acontecimientos nacionales con inteligencia y humor. Muchos de los que hemos tenido la oportunidad de publicar un texto en las páginas editoriales hubiéramos querido tener al menos un pequeño fragmento de su talento e ingenio.
Murió en su casa, rodeado por su familia. Este es el artículo donde la semana pasada apenas hizo pública su enfermedad.
Un fuerte abrazo para Germán Dehesa, siempre vivo en nuestra memoria


Germán Dehesa
25 Ago. 10

Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar. Como quien dice, mi vida es casi secreta y su único nuevo rasgo que yo detecto es la impaciencia. Así pues, no tiene ningún sentido que me saluden de lejecitos, ni que me saquen la vuelta, ni ninguna patochada de ésas. Nadie tiene idea de cuándo será la terminación cronológica de mi vida, pero calcula la ciencia médica que esto ocurrirá hacia los finales de este año. Espero distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta 2020. Si se puede obtener más, ahi lo dejo en manos del gobierno. Tengo mucha confianza en que nuestra burocracia acuse recibo de la solicitud en 2018, lo cual nos da margen para seguir resollando. Lo que desde ahora les puedo asegurar es que, mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y marihuanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón.

Me molesta casi tanto como a ustedes, este tipo de artículos donde tengo que ponerle luto a mis palabras y no sacarlas a pasear para que se asoleen que es lo que a mí más me gusta; pero dibodobadito, tarde o temprano los médicos logran llevarte a sus terrenos y ahí es la de no te entumas y no le saques, manito. Por esas latitudes transito yo en la actualidad. Me entusiasma saber que, gracias al talento de sus madres, mis hijos son gente de bien, con buena orientación en la vida y totalmente a la guapachosa altura de su herencia veracruzana. Todos son estudiosos, trabajadores y con magnífica inteligencia que, donde primero y mejor se muestra es en el buen humor que los cuatro manifiestan, caiga quien caiga.

No me estoy despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato. Como en el teatro, esto es apenas la primera llamada, primera. Ya sé cómo se las gastan los lectores de por aquí y no me sorprendería que, a la vuelta de unos días, me tope con gente que diga que, el mero día del Bicentenario me voy a suicidar en el Zócalo gritando leperadas en contra de un gobierno y de un sistema que premia cada vez más a la idiotez y no suele ser justo con la inteligencia. No, yo no voy a hacer nada de eso para celebrar o denostar a este sistema del que, por lo demás soy miembro activo y no quiero jamás dar la impresión de que me doy de baja. Lo que sin duda ocurrirá es que el sistema me dé de baja a mí, pero ése ya es otro cantar.

Voy terminando. Este artículo y sólo este artículo. Yo tengo que guardar reposo por algunos días, pero muy pronto volveré a vestir mi uniforme azul y oro y a sembrar el pánico por todas las canchas de la República. Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos. ¿Entendido?.


¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCCCLXXVII (1877)

¿Alguien ha visto a MONTIEL?. Cuando lo pierdo de vista, me viene como el soroche.

martes, 31 de agosto de 2010

La lección de Hays

Gerardo Segura

William Hays era senador republicano que mostraba repulsión por las escenas cinematográficas de sexo. Su aberración lo llevó extremos virulentos de crítica en contra de las películas, al grado que, cuando fue presidente de la asociación de productores y distribuidores de películas en Estados Unidos, impulsó un código de censura que describía lo que debería ser moralmente aceptable por la sociedad americana. Este código lo aplicó de modo tan riguroso que la historia lo registra como el Código Hays.
Entre otras prohibiciones el listín desconocía, rechazaba o atacaba las relaciones interraciales, el incesto o la homosexualidad, mediante preceptos como: “El carácter sagrado de la institución del matrimonio y del hogar será mantenido”, “Los films no dejarán suponer que formas groseras de relación sexual son cosa frecuente o reconocida”, “…No se mostrarán besos ni abrazos de una lascivia excesiva, de poses o gestos sugestivos”, y por ahí sigue con restricciones más o menos semejantes. Pero hay una de singular elocuencia: “Las exhibiciones del cuerpo están prohibidas. El ombligo también”.
Sin embargo, y a pesar de su defensa pública del matrimonio y la familia, el senador recibió demanda de divorcio, y su esposa, entre otras razones argumentó que “…su marido siempre había confundido ombligo y sexo femenino”. A la muerte de Hays en 1954, se hizo pública su vasta colección secreta de fotografías de ombligos.
Dime qué te escandaliza y te diré qué deliras.
Quienes se oponen a la adopción de menores por parte de matrimonios homosexuales emplean como argumento que las adopciones sólo deben permitirse a matrimonios heterosexuales. Como si las parejas heteros y la familia tradicional fuese garantía de estabilidad mental y emocional.
Quién de entre ustedes, estimados e hipotéticos lectores, es cabeza o forma parte de una familia estable; quién conoce a alguna familia heterosexual emocionalmente sana. Por el contrario, elija el lector a diez personas que le rodeen, con quienes lleve relación estrecha y frecuente, y pregúntese. ¿Cuántos de ellos son divorciados, madres solteras, golpeadas por sus parejas, padres de adictos, alcohólicos, farmacodependientes, codependientes, etc.?, ¿cuántos son adúlteros permanentes, padres con o de hijos fuera del matrimonio, concubina, la querida o neuróticos? Seguro que la respuesta es superior al 50% de su lista. Porque hasta hace pocos años el matrimonio era el excelso detergente para manchas de honor. Y si primero uno se comía la torta antes de tiempo, el casamiento le ayudaba a eructarla. Aunque después viviera el resto de su vida con chorrillo.
Lejos de asustarnos o escandalizarnos, esta radiografía sólo nos acerca a la cotidianidad nacional contemporánea. Esta es la sociedad en la que vivimos, la que habitamos con nuestros seres queridos, con quienes convivimos, de los que formamos parte, y de la que hoy no hay salida. Esta es la realidad, muy lejana a la que nos quiere vender la Iglesia, una realidad ficticia de estabilidad, moralidad y decencia, como si no fuese la Iglesia la gran cobija de las desviaciones sexuales. Con honrosísimas excepciones.
Independientemente de si las parejas homosexuales poseen o no el derecho a la adopción, el argumento esgrimido por los detractores de esta nueva tarea social, lejos de convencernos de darles la razón, los exhibe como sospechosamente decentes. De dónde, sino de las familias heterosexuales —o compuestas secretamente por uno de sus miembros homosexual, a lo Hays—, provienen nuestra sociedad en peligrosa descomposición, y cuyos malos olores son ya pestilencia cotidiana.
Si las parejas homosexuales desean adoptar, en un ejercicio de íntima honestidad y no de desafío legal o de revanchismo, tras haber admitido sus preferencias sexuales en público de la gente —acto valiente como el que más—, es seguro que los críos que críen serán criados en el amor.
chancla55@hotmail.com

lunes, 9 de agosto de 2010

Muertos incómodos

Gerardo Segura

“—¿Sabe usted cómo se cocinan los traidores? No se pudren de un día para otro. No se acuestan guerrilleros y se levantan agentes de Gobernación. Simplemente se debilitan. Se traicionan por cansancio, por aburrimiento, por inercia. Es como si el tejido del que están hechos los hombres, a fuerza de estirarse se fuera volviendo guango, flácido; y en los intersticios de los músculos se fueran depositando pequeños pedazos de mierda, viejos temores. Y todo ello necesita de una permanente auto justificación, de un montoncito creciente y denso de autoengaño y explicaciones” (p. 97). Con estas palabras explica El Chino a Héctor Belascoarán Shayne, detective independiente, por qué un tal Morales se cambió de bando, traicionó a los compas y delató a su ex esposa ante la policía política mexicana, que oficialmente no existe.
La más reciente aventura del legendario Héctor Belascoarán Shayne, detective independiente mexicano, corre al parejo con las peripecias indagatorias de Elías Contreras, efectivo del EZLN, único integrante de la Comisión de investigación, formada por el sup comandante insurgente Marcos, para investigar a un tal Morales.
Muertos incómodos (falta lo que falta) novela escrita a cuatro manos entre el Subcomandante Marcos y Paco Ignacio Taibo II y publicada por Joaquín Mortiz, sería una novela muy divertida si no fuera tan trágica.
Ambos investigadores deben encontrar al tal Morales, el malo de la novela, según una serie de mensajes que está enviando un ex combatiente del 68, asesinado 25 años atrás. Como chiste estaría resuave de no ser porque lo que dice en los mensajes es tan real como una catedral.
Pero por debajo de la investigación se van develando secretos y realizando descubrimientos acerca de la vida política mexicana actual, que dan asco. Y lo peor: todos ciertos.
Fox, Marthita La Impía; Zedillo, Nazar Haro, Julia Carabias, doña Rosario Ibarra, Calderón, Digna Ochoa y un sinfín de personajes más de la política nacional, desfilan por estas páginas, quedando tan mal parados como sabemos que están, o afianzándose en su fortaleza, como sabemos que están los que están. Y al final prevalece en el lector la certeza de que la tesis de la novela es cierta:
“Pero el Mal no es una entidad, un demonio perverso y maléfico que busca cuerpos qué poseer y, con ellos como instrumento, hacer maldades, crímenes, asesinatos, programas económicos, fraudes, campos de concentración, guerras santas, leyes, juzgados, hornos crematorios, canales de televisión. No, el Mal es una relación, es una posición frente al otro. Es también una elección. El Mal es elegir el Mal. Elegir ser el Malo frente al otro. Convertirse, por elección propia, en verdugo. Convertir al otro en víctima” (p. 53)
Justificarse por haber optado por servir al Mal —“…el Mal es el sistema y los Malos son quienes están al servicio del sistema”, se lee líneas arriba—, es la única y eterna tarea del Malo. Porque ser malo por decisión, a cambio de ejercer el poder —generalmente pírrico y pasajero como el inherente al de funciones públicas, sea del Estado o universitarios—; a cambio de un cargo de elección popular, o peor aún: para enriquecerse a costa de los subordinados, de los jodidos, de los de abajo, es la peor manera de negarse, de rechazar el trozo de Humanidad que les confirió el nacimiento.
Al leer Muertos incómodos uno llega a formularse la misma interrogante que se planteó Bukowsy “…todos esos hombres fueron niños una vez/ ¿qué les pasó?...” Y no hay más remedio que recordar el poema de Pacheco Antiguos compañeros se reúnen: “Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los veinte años”
chancla55@hotmail.com

lunes, 2 de agosto de 2010

Por qué Leo

GERARDO SEGURA



Sabe de una, cosas que ni una sabe que sabía
Joaquín Sabina

La respuesta es muy sencilla: para encontrarme. Leo para encontrar el libro-espejo que refleja mi vida. Del mismo que cada uno de nosotros que lee un libro lo lee para dar con ese espejo. Aun y que lo ignore.
Hasta hora nos han dicho –y nos lo hemos creído-, que al situarnos frente a un libro, somos nosotros quienes realizamos el acto de la lectura. Que al deslizar nuestros ojos por el papel decodificamos los signos lingüísticos impresos en las hojas, y de este modo adquirimos información. Esto es cierto en parte, porque la adquisición de la información, más que indiscriminada, es selectiva. Ciertamente entendemos y comprendemos los caracteres, pero no necesariamente lo que comprendemos en la lectura es revelador. Podemos entregarnos a la lectura horas enteras, muchos días seguidos, e incluso semanas, pero al llegar al punto final podemos descubrir con sorpresa o con desilusión, que estamos tan vacíos, o tan llenos, como al principio. ¿Por qué? Simplemente porque ninguno de los datos obtenidos tiene relación con nuestra vida. Es cierto que la novela o el poemario o el ensayo, nos pareció entretenido –y seguramente lo fue-, pero no significativo, porque sólo lo que atañe a nuestra vida, a nuestro discurso vital, a nuestra existencia, o como se desee llamarlo, es lo significativo.
No se piense, entonces, que nada más nuestra autobiografía estará llena de claves vitales para entendernos. No. Cualquier libro puede serlo. Y entre más serio sea el autor, mayor será la probabilidad de dar con libros-espejo. Pero para dar con él hay que leer, leer mucho, leer siempre y a todas horas, para encontrarlo. Y ni siquiera todo el libro necesita ser revelador, con frecuencia basta una frase para que desde adentro de nuestro más profundo inconciente salte una vocecita diciendo ¡Sí es cierto! Y la subrayemos, o la pasemos a nuestro diario o la copiemos para nuestro nick. (Por eso los jóvenes que leen tienen el libro de Sabines todo subrayado, porque Sabines les tira la neta condensada)
Y esa frase o el cúmulo de frases encontradas en un libro, son por demás elocuentes. Porque cada una de las palabras subrayadas o copiadas en el nick, descubren lo que llevamos dentro. De ahí que no somos nosotros los que leemos al libro. Es el libro el que nos lee a nosotros, y nos desnuda, y nos manifiesta de un modo íntimo, lo que llevamos dentro.
Retome por favor, el querido lector, un libro cuya lectura haya disfrutado, y (casi) en consecuencia haya subrayado o llenado de notas, y, con tantito valor el lector se reconocerá en ese autorretrato. Tal vez ese autorretrato sea, como el de Dorian Gray, un lienzo secreto o quizá una voz adolorida o una declaración impúdica y feliz pero hasta ahora desconocida. Lo cierto es que cada vez que subrayamos una idea o un párrafo; cada vez que elijamos obras del mismo autor o que regresemos a un libro, nos estaremos encontrando.
Para eso se lee. Para encontrarnos. La respuesta es sencillísima, ¿no es cierto?
Ya lo dijo André Guidé, francés que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX: “Ante ciertos libros, uno se pregunta ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta ¿qué libros leerán? Y yo estoy seguro que al final libros y personas habrán de encontrarse”
chancla55@hotmail.com

miércoles, 28 de julio de 2010

JUAN HERNÁNDEZ LUNA

A falta de envío de los que alguna vez fuimos los editorialistas de Palabra, este blog da cabida a la columna LA MONEDA de Gerardo Segura, entusiasta organizador de la Feria Internacional del Libro de Saltillo
Gerardo fue en su tiempo, consejero editorial de la sección Etcétera.
Hombre de letras, enamorado de la cultura y de su trabajo, comparte ahora con nosotros a través de este espacio su colaboración semanal en El Diario de Coahiula
LA MONEDA
Juan Hernández Luna
Gerardo Segura

“Cuando se me acaben los temas o cuando me vuelva viejo y me ablande, afortunadamente ya nos ha llegado el relevo para la nueva novela policiaca mexicana, Juan Hernández Luna. No sólo es el más duro. Es el mejor” Así escribió Paco Taibo II en la cuarta de forros de Quizá otros labios, la segunda novela policiaca de Juanito.
Nacido en Puebla en 1962, pero avecindado desde su infancia en ciudad Netzahualcóyotl, Juan se curtió en los fregadazos desde chavito. Aunque su padre, policía de crucero, se empeñara en mantener a la familia más o menos en paz, y darle una cierta educación, en la casa de junto, en la banqueta de enfrente, en la azotea de al otro lado, las riñas a navaja pelona eran pan del día. Juan las atestiguaba desde la ventana, no para aprender a pelar, sino para verterlas en sus novelas, pocos años después. Las estrategias bélicas de las pendencias cotidianas le servirían, como dijo Rafael Ramírez Heredia, “…para romperse la madre contra el teclado, hasta sacarle la frase perfecta.”
En 1992 Juan estuvo en Saltillo por primera vez, a propósito de un encuentro internacional de escritores policiacos. Era bravo. O más aun: inflexible. No permitía que se le pasara una, ni a sí mismo ni a sus amigos. Siempre vigilante que cada quien cumpliera su obligación —llegar temprano, preparar el texto, entregar material limpio y a tiempo, hablar con los papás—, él era el primero. Limpio hasta la pulcritud, aunque mal peinado por una incordia permanente con sus cabellos, largos y lacios, era el más flaco, el de las manos más huesudas, el de la mentada siempre a flor de piel, el duro. Y sin embargo, fue el primero en ofrecerse a ayudar a los organizadores en lo que se ofreciera.
Un año antes lo conocí en Puebla, donde convocó a la reunión internacional de escritores policiacos, en coordinación con Paco Taibo II. Allá fue, además de cumplido, un caballero. Taibo lo definía como “un ranchero rico”, de esos que saben qué les toca hacer, pero la torpeza les gana.
Juan regresó a Saltillo un par o tres de veces más, siempre alebrestado, siempre cumplido, siempre exigiendo que le contaras qué estabas leyendo en ese momento, sólo para abrir una discusión lapidaria acerca del autor. Expresaba su punto de vista y ya. Sin tratar de convencer a nadie de que él tenía la razón. (En alguna ocasión lo incité a hablar de Paco Amparán, a propósito de que ambos recién habíamos terminado de leer Otras caras del Paraíso. La discusión estuvo suave. Quedamos empatados)
La última vez que estuvo aquí fue en octubre de 2009, en la Feria del Libro. Ahí, en la mesa de cierre, propuso a sus compañeros escritores policiacos, que, independientemente de lo que escribieran entre ese momento y octubre de año siguiente, incluyeran a Saltillo en sus textos. “Hay que poner una calle, un personaje, una referencia histórica, lo que sea” Taibo, su hermanito de toda la vida lo secundó, con la idea de leer los respectivos avances en la Feria del Libro de Saltillo de este año. El lagunero Paco Amparán asintió con la cabeza y dijo algo así como “¡Qué fácil!”
Esa lectura ha quedado cancelada para siempre. El 4 de este mes murió Paco Amparán víctima de un infarto fulminante.
El 8 de julio pasado Juanito murió víctima de cáncer linfático. Murió en un hospital público de la ciudad de México, sin más compañía que las enfermeras de turno y una ex novia que lo estaba visitando. No hubo guardias de honor, no hubo discursos oficiales, no fue velado en Bellas Artes, no se llenaron las páginas de los periódicos con esquelas ni a nadie se le ha ocurrido ponerle su nombre a una calle.
Mejor para él. No hubiese soportado tanto barullo. Él, que vivía solo, que amaba los poemas de José Alfredo, y fumar tabaco negro. Uno de los pilares de la literatura negra mexicana se fue solo.
“… nos estamos quedando solos…” dijo BEF a modo de conclusión tras relatar cómo se fue Juan, y relatarle yo cómo se fue Amparán.
Este año no vendrán los policiacos. La muerte ha tomado la Feria del Libro por su cuenta. Sin embargo, como escribió Juan en Tabaco para el puma “…ya lo dice el refrán, donde hubo fuego la memoria es fiel y regresa a pelear su antiguo territorio”
Descansa en paz, hermanito.
*
Naufragio, novela, 1991; Quizá otros labios, novela, 1994; Tabaco para el puma, novela, 1996; Tijuana dream, novela, 1998; Yodo, novela, 2003; Cadáver de ciudad, novela, 2006
Premio Nacional de Libro de Cuento 1988; el Premio Nacional de Primera Novela 1990; Premio Latinoamericano de Cuento 1992; el Premio Nacional de Ciencia Ficción 1995; y el Premio Dashiell Hammett 1997 y 2007.
Traducido al inglés, francés, alemán e italiano.

chancla55@hotmail.com

domingo, 21 de marzo de 2010

El "Gran" Parque Lineal

Ma Isabel Reyna







Hace ya algunos ayeres nos unió un mismo interés y varios, muchos ciudadanos de todas las estracciones sociales, diferentes áreas profesionales, desde ingenieros hidráulicos hasta comuinicólogos, pasando por arquitectos de paisaje, urbanistas y vecinos propusimos un proyecto de parque lineal urbano rescatando las márgenes contaminadas de uno de los arroyos que cruzan la ciudad y proponiendo la mismo tiempo una alternativa viable y segura para el punto donde confluyen varios arroyos y se habían registrado ya varias inundaciones de consideración.
Nos unimos esperanzados al Consejo Ciudadano de Ecología y Medio Ambiente y gracias al trabajo entusiasta y desinteresado de varios miembros, logramos presentar el proyecto a los tres niveles de gobierno: en las instalaciones de la Semarnac (estatal) reunimos a representantes del Estado y del Municipio quienes, junto con los vecinos de la colonia Alpes Norte, conocieron nuestro proyecto.
Como respuesta definitiva a nuestras inquietudes a menos de una semana contratistas de CEAS (Comisión Estatal de Agua y Saneamiento) se presentaron en el lugar con motosierras devastando la flora del lugar. Varias decenas de árboles fueron cercenadas antes de que lográramos dar aviso a los medios de comunicación y se frenara al menos momentáneamente el ecosidio del lugar. Con el tiempo se crearon grupos de vecinos azuzados por el municipio para exigir la canalización del arroyo y pedir la prolongación de la calle de Abasolo.
Creo que fui la primera en aventar la toalla. Los demás siguieron sus acciones a favor de la ecología municipal, pero a la fecha, muchos de los más entusiastas se han retirado también del grupo que no ha progresado mucho (mejor dicho, nada) en sus originales propuestas.
Minutos antes de empezar a escribir esto me llegó por e-mail una colección de hermosas postales de diferentes sitios de Francia, donde el común denominador, además de preciosas construcciones, son canales y ríos bien cuidados, limpios y rodeados de vegetación donde la gente pasea al aire libre. Esta tarde leí en el periódico la noticia, a dos planas, inserción pagada, de la creación, por el Gobierno del Estado del “Gran Parque Lineal Bellavista-Ojo de Agua, “para el entretenimiento y descanso de las familias saltillenses”. Las fotos muestran un corredor cubierto de cemento a lo largo de 12 cuadras, en las que se ven juegos infantiles, bancas y canchas deportivas alumbradas. No se ve mal, pero no se compara ni de lejos con los proyectos que incluyen mantener el arroyo al aire libre, con el agua limpia y parques con flores y pasto rescatando los árboles que naturalmente crecen en las orillas de los arroyos.
Esta es la realidad saltillense. Parques de cemento con arroyos cubiertos. Con cúanta razón dice Catón que “Saltillo es otra cosa”.

viernes, 12 de febrero de 2010

... but I'm not the only one?

Ma Isabel Reyna

Por correo me llegó este comentario publicado en el Universal como respuesta a un artículo de Ricardo Rocha a raiz del triunfo del PRI en las pasadas elecciones.
si esto piensa "el mexicano común" me reitero definitivamente como un mexicano atípico.
No estoy para nada de acuerdo con estos conceptos. Y como diría John Lennon en Imagine, "you maybe said I'm crasy, but I'm not the only one..."
al menos, eso creo.



"¿Por qué ganó el PRI?: El mexicano común admira la viveza, el agandalle, la tranza, la manera fácil de hacerse rico sin esfuerzo, participa en mayor o menor medida en la corrupción, tira basura en cualquier lugar y exige que la recojan o que arreglen los drenajes pluviales, roba señales satelitales, encuentra cualquier forma para no pagar impuestos, compra piratería, agandalla lugares asignados para discapacitados, no tiene interés cultural ni de análisis político serio, no respeta a los demás, carece de cultura vial, no soporta a los exitosos. La ética, los valores, el esfuerzo y la innovación son temas no compatibles para el mexicano común. Prefiere el ´ahí se va´, el futbol sobre todo, la mexicanidad autóctona que retrasa al país, justifica y se identifica con la mediocridad por mil razones. Exige al Gobierno que resuelva sus problemas en lugar de tomar iniciativas que mejoren su propia condición. Soporta a diputados y senadores que prácticamente no trabajan y cobran como si realmente hicieran algo por el país. Culpa lo mismo a Salinas que a Zedillo, a Fox o a Calderón del fracaso del país. La realidad es que el mexicano común es la materia prima que hace que este país esté retrocediendo a pasos agigantados al compararse con el tremendo despegue de China, India e incluso Brasil. Si se observa, el mexicano común lleva al pequeño PRIista en el interior y se identifica plenamente con esas actitudes. No es sorpresa que el nefasto y corrupto PRI vuelva a sus fueros y que México esté destinado a la mediocridad, pero desafortunadamente a causa de su materia prima. Los políticos son solo su reflejo y la partidocracia mantendrá secuestrado al País."

¿Cuántos ciudadanos piensan como este lector que vive en Monterrey?